Captar las imágenes y transformarlas es un acto de resistencia que transfiere una esperanza, la esperanza de traspasar la visión  exacta de la realidad y ofrecer su esencia interpretada desde la transcendencia de lo simple. la imagen acaba siendo el resultado de un diálogo en el que su colaboración es imprescindible para lograr el alma necesaria, para acumular vida. cuando una imagen me habla dice en ello como quiere ser, como quiere que la muestre. entonces  le ofrezco una experiencia propia y ella me transmite la suya. sólo entonces puedo saber que han confluido nuestras energías
poligrafía binaria

bitografía: gráfica digital de síntesis >> combinación de herramientas digitales con sensibilidades analógicas.
@  josé ramón alba  @

metaNARRAtiva en
un muro digital
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La utopía tecnológica como mecanismo de salvación es una falacia que sólo pueden creer a pies juntillas los cibercretinos. la tecnología es una herramienta para el arte como en su tiempo lo fue el óleo o la fotografía. Una herramienta que es inútil por si misma. La verdadera tecnología es nuestro cerebro “cada uno tiene a su disposición el ordenador mas increíble del planeta, pero desgraciadamente nadie nos ha dado el manual de instrucciones” (Anthony Robbins). Tampoco el dominio de la técnica es garante de una obra de arte. Un perfecto dominio del óleo no basta para que una obra alcance la categoría de arte (qué es hoy arte). tampoco al revés: no por crear una obra mediante procesos y herramientas tecnológicas debe menospreciarse (acordémonos de las desdichas que sufrió la fotografía  hasta alcanzar respeto)

Las manchas en las que tornan las "realidades" ayudan a alcanzar un universo abierto, expansivo; un universo en el que nada es como nos parece. Donde cualquier plano puede tornarse en un movimiento que armoniza con los sentimientos y las emociones más escondidas sin tener que pasar por la identificación de los signos aprendidos.

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¿Qué tipo de narrativa puede crear una obra digital?

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///////////////////////////////////////////////////////////////////generar imágenes desde tecnologías mínimas. a través de metáforas. desde la difusión explícita de los lenguajes. desmitificar la necesidad absoluta de lo último. mostrar la posiblidad de crear encuentros

niebla japonesa^^::::::::::::::::::::¨`´´^^``´

La combinación de las sensibilidades tradicionales con las tecnologías digitales nos permite un campo creativo tan amplio como exquisito. No voy a tratar con mi obra de ofrecer nuevos conjuntos estéticos sino de repensar, de reinterpretar el espectro artístico que ha llegado hasta nosotros. No es mi intención crear mundos oníricos en los que el hiperrealismo digital nos adentre en universos imaginados, que nos traslade a naturalezas hipnóticas y frías. Pretendo, al contrario, centrarme en la realidad inmediata del mundo que nos rodea; apreciarla y ofrecerla aprovechando los métodos digitales, aplicando procedimientos que permitan un encuentro humano entre el concepto artístico y la máquina. Tecnosensibilidad.

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Para ello parto en todo momento de la fotografía y lo hago como origen esencial para la obra definitiva. La lectura, fotográfica. La interpretación, infográfica. La conclusión, poligráfica. En todo caso se trata de liberar a las imágenes obtenidas del determinismo realista y poder interpretarlas según nuestros diferentes estados de ánimo.

La fotografía nació tocada por muchas condenas y por un severo complejo de inferioridad: como actividad "mecánica" no era Arte, pero podía evocar la gran pintura de caballete. En aquella aurora de la imagen en sales de plata -las fotos de Niepce, tan granulosas que parecían de terracota disgregada- pronto surgió la tensión entre Pictorialismo y Purismo; dos tendencias del balancín fotográfico que todavía hoy mantienen su pulso. Una contienda incruenta pero tenaz, que parece sostenerse, todavía, desde débiles postulados corporativos: la afirmación gremial de territorios artísticos a conquistar o proteger.
Las estampas digitales que muestra José Ramón I. Alba vienen injertadas de pensamiento, de palabras-clave que enlazan con esa controversia. Se presentan, precisamente, como una generosa invitación a derrocar los tabiques dualistas más estériles acerca de la imagen transportada por la luz. Pues si bien pintura y fotografía(s) cuentan con sus propias tradiciones, sus distintos depósitos de teorías y proezas específicas, la emergencia de las formas digitales de creación contribuye a replantear de un modo muy nuevo y radicalmente horizontal, la naturaleza y las relaciones de las artes visuales.
Del grano irregular y la textura continua de la foto analógica, hacia la retícula discreta de píxeles de color: desde la imagen como huella material, impronta depositada en una placa o cinta, hasta la imagen como mosaico exacto, como texto cromático, tejido sin soporte material específico. De los bloques de espacio-tiempo capturados por la luz en una mezcla de humores químicos, a la activación binaria -por esa misma luz- de invisibles sensores eléctricos, dispuestos como un panal.
Esto constituye el interior más exterior, la entraña de la "maquinaria", pero las imágenes de José Ramón I. Alba plantean a la vez otras preguntas más sutiles, y contagian una experiencia que se sitúa en otro campo: el de la creación de sensaciones visuales -también táctiles, pues el ojo toca a veces- que reclaman la abolición de estériles fronteras.  En su lugar: el ojo nómada y el mundo tal como se revela a la mirada limpia; los mundos, tal como vibran y se ofrecen al cambio y la intervención creadora.
Si el autor llama "pictorialista" a su trabajo electrográfico -el "giclée"-, no lo hace -como los pioneros del XIX- para emular con una añoranza sumisa el consagrado modelo pictórico -eso es mejor llamarlo "pictoricismo"-, sino para que las estampas digitales, la pintura, y la fotografía analógica de paso, sean vistas y apreciadas sin discriminación jerárquica; para que sean contempladas como imágenes que nos afectan -impacto, contacto-, que nos inducen o ayudan a pensar -interpretación-, que nos convocan como coautores de obras que pueden cambiar y crecer -recreación-; ya no como meros espectadores de una lejana destreza.
La saludable propuesta de arte digital que ofrece JRIA reside en ese compuesto de sensaciones y pensamiento que nos hace interrogarnos sobre nuestra imagen del mundo, a la par que sobre este mundo de imágenes en el que tenemos que chapotear. Pero también sobre lo estéril que resulta atrincherarse hoy en el mezquino sistema mercantil del arte, casi siempre separado y alejado de la vida que merece ese nombre.
La vida de estas estampas es la de todos, la del fondo común de donde surgen la luz, el espacio, el tiempo; desde donde asoman nuestros ojos cuando no tienen prisa, cuando el mundo no es una presa, estampas que se toman su espacio, su senda, despacio.

Fernando Ros Galiana

La utilización del escáner como captador de imágenes, como soporte de construcción de elementos múltiples, como plataforma de construcción caprichosa  desde la que se percibe una realidad que el ojo humano no capta. La imagen obtenida por escáner cumple con una supuesta relación con el entramado subjetivo de creación en la que las plataformas son consideradas como una herramienta con criterio propio. Que buscan las potencias desde la inactividad del ser humano. Que entrampan la manipulación hasta que no te han ofrecido sus propios resultados.
Le propongo al escáner una imagen que el me devuelve según su punto de vista (no según el mío como sería normal en la fotografía analógica). Después viene mi intervención y reinterpreto su propuesta hasta completar un ciclo de observación activa.





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la obra no es el soporte / el soporte no es la obra------ -------------------------------------

"La ilusión moderna en relación con el arte (una ilusión que la
posmodernidad no ha hecho nada por corregir) es que el artista es creador.
Pero más bien es un receptor. Lo que parece una creación no es sino el acto de dar forma a lo que se ha recibido"

John Berger
El tamaño de una bolsa

La acrobacia de las formas. La locura de la previsión en el único filo material de lo perpetuo. La inconsciencia de los bordes imperfectos desde un tiralíneas imposible. La ausencia creando espacios

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d] espacio [s
    

creaciones infográficas que buscan nuevos modos de interpretar y recrear las imágenes ...  de obtener resultados que descompongan lla realidad captada y propongan una poligrafía digital al margen de propuestas verosímiles ... reflejar el carácter expansivo de la fotografía más allá del registro, de la huella, crear ilusión de ruptura entre la fotografía y lo fotográfico ... buscar propuestas que la liberen del determinismo documental.
asistimos a la reinterpretación de las formas artísticas tradicionales. Los métodos digitales forman parte en la actualidad, cada vez con más presencia y fuerza, de los procedimientos de grabado y estampación de tal modo que conforman una parte importante del entramado conceptual del arte contemporáneo, llegando a cuestionar  incluso, desde determinadas posiciones, los principios estructurales que sostienen al Arte "tradicional" (autoría, mercado, original-copia, soporte…). Tal es la fuerza que estos procedimientos están cobrando que desde la Calcografía Nacional se crea el Centro de Investigación y Desarrollo de la Estampa Digital desde donde se da cobertura técnica y teórica a los artistas para el conocimiento y uso de estas nuevas formas de expresión.




Lírica gráfica. Abstraccionismo lírico       

         

tantas idas y venidas para comprender la esencia, para abrazar
sólo lo necesario, el objeto en íntimo contacto con la lente,
la manifiesta composición como puesta en escena primordial. un nuevo escenario

el azar es un concepto inherente al proceso creativo y la utilización de las tecnologías actuales colabora a que esta contingencia alcance elevadas cotas de sorpresa. la necesidad de justificar el mercadeo del arte ha producido mucha literatura, y la necesidad de justificar la seriedad del proceso ha dejado al margen la casualidad como aliada. el trabajo conlleva búsqueda y muchas veces el logro es fruto de una valentía abierta.  el azar integrado en el trabajo sistemático es fundamental. la búsqueda produce sorpresas y esas sorpresas son las que muchas veces provocan asombrosos resultados. la apertura a nuevos caminos. el objeto es accidental logrado desde el azar de la búsqueda pero ¿tiene menos valor?

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  +    * ^[] * la envoltura de la TIerra

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La representación del mundo a través del cuerpo supone en nuestra sociedad un asunto que descubre, en medida más bien odiosa, la maximización del envoltorio, la mutación del continente por el contenido. Los cuerpos se convierten en simuladores de la realidad, como una metáfora de dimensiones ficticias que se modifican en una búsqueda enfermiza y continua por afianzar los deseos de artificio. El yo amenazado por el cuerpo propio como un enemigo de potencia incalculable que exige espectáculo renovado. Una auténtica esquizofrenia que nos obliga a una reflexión: qué es lo que hay debajo de esta insoportable relación con nuestro propio cuerpo.

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te atraparé las sombras....................................

todo se nos escapa. como sombra. casi al tiempo que aparece. y nos queda el epílogo. como una pequeña muestra del anhelo. mejor así. huir de la posesión para mantener el deseo.

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tu luz llega y me atrapa / y me enreda en sus conjuntos /
y me conjunta / y me entra /
y me sabe suave / y me sube / y me nubla
biología ofimática
siempre hay que tener una pequeña revolución en la agenda, nos dijo un día jarauta
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La luz boceta, modela, advierte, nos sugiere y nosotros debemos estar atentos a su propuesta. Nuestra mirada es el intermediario. La percepción es el código. Esta es la magia de la fotografía: la capacidad de seleccionar, de captar la esencia. De abstraer una representación mÁs allá del registro como huella y hacerla independiente. De liberarla de las ataduras de la certidumbre, del determinismo documental y poder embarcarla en una auténtica aventura única y personal. El hechizo de una metáfora.

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...informática y fotografía, la ciencia exacta de los números y la inspiración de la chispa del arte de la luz están alumbrando una relación creativa en la que la lógica e imaginación, matemática y creatividad, realidad y poesía se enriquecen mutuamente.

Ouka Leele

"las artes plásticas se transformarán en función de las posibilidades tecnológicas y ya no en función de planteamientos puramente estéticos o filosóficos que producian cambios en la representación realizadas casi con los mismos medios técnicos y variando muy poco los procesos"

Carlos Martinez

[1] Uso la libertad de los medios digitales para volver a una lectura analógica, plástica, una lectura que procede del sentido metafórico de las emociones más intimas. Gráfica digital de síntesis: Combinación de herramientas digitales con sensibilidades analógicas. [2] La gráfica digital es un medio inmensamente eficaz para la investigación y la experimentación plástica (paradoja binaria), un medio que puede utilizarse para desarrollar una mirada crítica a la vez que expansiva en la que los contenidos semánticos pueden sobrepasar el propio pensamiento artístico. Se trata de alcanzar una “metáfora digital” en la que se muestren propuestas plásticas como representación de una realidad abierta y compleja. [3] Desde las propuestas digitales desarrolladas en esa conjunción entre el medio binario y el analógico, se provoca un cambio epistemológico en el concepto del arte como valor en manos de una minoría privilegiada y elitista. Un cambio que se desinteresa por las actitudes, por los principios y las normas ortodoxas y que incorpora planteamientos que llevan a la obra a su más íntima idiosincrasia, que la hacen interactuar con las sociedad de un modo más abierto y creativo en el que la parafernalia deífica se diluye en una transfiguración, sobre todo en cuanto al tiempo y la durabilidad se refiere, para expresar la banalidad de lo eterno y de lo propio. [4] La hibridación digital / analógico es una de estas referencias en las que la unilateralidad de los principios sufren un duro revés. Una hibridación que propone una actitud simultánea en la construcción de un mundo simbólico perfectamente conjuntista en el que coexisten técnicas y sensibilidades. [5] ¿Se puede hablar de una obliteración digital? Al fin y al cabo, mediante procedimientos binarios lo que hacemos es incluir en la imagen otros nuevos elementos que la modifican, no al modo de collage sino en una intención de superponer elementos lingüísticos, semánticos que amplían su fuerza o su intención expresiva. Este modo de intervenir no se queda en un acto tecnológico-mecanicista. Yo actúo con las herramienta y proceso unos determinados actos: ejecuto un deseo. No creo que la mecanización sea en estos casos el aspecto más importante de la creación sino que lo realmente importante es el modo en el que esa herramienta me ayuda a expresar determinados sentimientos. Un zapato hecho a mano es más valorado que otro en el que sólo ha intervenido la máquina. Pero ¿no son el punzón, la cuchilla, el martillo, herramientas?. En este sentido no considero que una tableta digital, un lápiz óptico, un ratón sean menos valorables que cualquier otra herramienta o tecnología para el arte. [6] La valoración del píxel pasa por un proceso de aprendizaje, por un interés por ver las imágenes desde una sensibilidad distinta. Por eso me gusta descomponerlas y utilizar tecnologías mínimas. Alcanzamos de este modo una nueva forma de enfrentarnos a la emotividad de una imagen. Dejar que el píxel tome protagonismo puede ser como alcanzar una especie de impresión serigráfica digital en la que el grano es importante. Lo mismo que el grano es importante también en determinadas propuestas fotográficas [7] La tendencia del “fine print” en la fotografía como medio de control absoluto sobre todos los pasos necesarios para la obtención de la copia (tendencia que utilizaron los fotógrafos que intentaron alejarse del concepto de fotografía pura para así acercarse al arte) puede tener su reflejo en los procedimientos binarios actuales en los que la gráfica digital, desde la concatenación entre soft y hard, trata de dotar a las obras creadas a partir de la toma fotográfica (es casi siempre mi forma de proceder) de una carga expresiva que va más allá del mero interés documentalista u objetivo de la fotografía de “serie”. ¿Se puede hablar de un “fine digtal print”? [8] Si todavía en muchos círculos (cada vez menos en honor a la verdad) se cuestiona la fotografía como arte no tenemos por qué extrañarnos de que el medio digital se vea menospreciado y apartado de las preocupaciones teóricas de muchos fundamentalismos artísticos. [9] Dentro de la creación gráfica digital parece ser menos importante el discurso de severidad en la producción técnica, que las actitudes de experimentación, del azar como talante significativo para la creación de la obra. Contamos con herramientas que controlan procesos que nosotros no podemos alcanzar en su totalidad ¿por qué vamos a ceñirnos a un comportamiento analógico? Es estupendo valorar los hallazgos, incluso los que aparecen bajo determinadas “aberraciones tecnológicas”. El concepto de creación debe partir, y de hecho lo hace, desde otra estructura mental diferente a la analógica. [10] Se puede hablar de una subjetividad digital en la que los limites los pone, como siempre, la destreza en el manejo de las herramientas. Lo que ocurre es que esta herramienta nos ofrece un abanico de posibilidades prácticamente infinito y ahí es donde se ve claramente que las posibilidades de investigación y creación son amplias hasta grados extremos. Unas posibilidades en las que cada obra es un documento de auténtico metalenguaje. Que opera a través del conocimiento que tenemos de lo que nos rodea, de lo que ha ido despertándose en nosotros a través de la historia de las representaciones artísticas anteriores, a partir de una evolución exponencial de la información visual de los medios y de la capacidad de digestión de todo ese alimento documental. [11] No creo que haya que buscar una “nueva explicación” a la gráfica digital en cuanto a que trata, como el resto de los procesos artísticos, de remarcar una continuidad subjetiva entre la realidad y nuestra propia experiencia vital. Codificamos esa realidad interpretada en unas imágenes (tal y como lo puede hacer la pintura) que ofrecemos como parte de nuestra forma de relacionarnos con el exterior y con nosotros mismos. Representamos unas condiciones específicas del entorno y lo hacemos no sólo desde una intencionalidad artística, sino intentando comprender la realidad que nos rodea. [12] Tampoco sé si es relevante dilucidar si la obra digital es arte o no lo es, lo importante es que la práctica digital es capaz de ofrecer nuevas lecturas, nuevos itinerarios sobre los que antes no podíamos deslizarnos. El resultado será arte no por el medio que se haya utilizado para su creación sino por el resultado emotivo que consiga. No me importa saber cómo se ha conseguido esa obra. ¿Todo proceso creativo analógico es arte en sí mismo y por sí mismo? ¿No hay en la gráfica digital una auténtica hibridación entre fotografía, pintura, grabado, video...? [13] En todo caso creo que dejar en la manifestación analógica todo el peso existencial del arte no corresponde ni con su esencia ni con la realidad. [14] Posiblemente esa obsesión por buscar un hueco “normalizado” a lo digital dentro del arte no viene sino de una triple casuística del afanoso capitalismo: por una parte es necesario mantener las cuotas de mercado que consolidan y garantizan una tasación satisfactoria (el aumento exponencial de la producción desde este pone en riesgo la plusvalía del arte), por otra, la preocupación por los modos de introducir estas obras en este mercado (si el arte ya no se expone, según Brea, dónde queda la potestad selectiva de mercaderes y administraciones) y por fin, dónde queda el privilegio de la posesión de la obra si no puede mostrarse, si no está dignificado por la perpetuidad. Plusvalía, potestad y posesión quedan seriamente dañados en este proceso. [15] Entonces, ¿por qué imprimo una obra? ¿No la he creado a partir de códigos binarios y su vida real está en las imagen catódica? Resulta un tanto esquizofrénico. [16] El caso es que existe una búsqueda de valores estéticos propios. Pero ¿qué sucede cuando la gráfica digital experimenta nuevos caminos creativos pero alcanza resultados pictorialistas? Esos valores estéticos hacen que exista una hibridación que en algunos casos molesta. Si el resultado semeja una obra pictórica analógica ¿por qué no la pintamos?, dicen algunos. Pues mire, porque la necesaria relación comunicativa con la obra no es la misma utilizando un medio u otro, porque la herramienta hace que nos enfrentemos a la faena de un modo distinto. [17] Prevemos un gran cambio epistemológico en el concepto de arte que todavía no acertamos a “universalizar”. Un cambio que no es nuestro sino que procede de acciones tan antiguas como las duchampianas. Hoy pueden ir mucho más allá pero no debemos olvidar que Duchamp es fagocitado por el mercado y que la disidencia y la contracultura también venden mucho. [18] En cuanto al consumo de la obra digital (tomado en su sentido mercantil ya que la observación es un consumo mucho más intrínseco al arte que la adquisición) no sé si se puede aludir a una nueva sensibilidad, o nuevos intereses, o nuevos hábitos. No es el mercado aquí quien marca la iniciativa (éste siempre se aprovecha) sino que los procesos de consumo se unen a la no necesidad de desplazamiento, unos procesos en los que la búsqueda de comunicación con la obra se canaliza desde parámetros sensitivos no presenciales. Pero ¿es real esta no presencialidad? Ya desde que la fotografía acerco la pintura y la escultura al público lejano estamos hablando de esta interpolación de lenguajes. Si esta relación es unidireccional creador-obra-público ¿no estamos aplicando los mismos modelos aunque por diferentes canales? En todo caso y dadas las posibilidades tecnológicas la corriente comunicativa tendría que alcanzar una multidireccionalidad activa y posibilitar que el receptor tuviese un acceso directo al creador y establecer un dialogo engendrador. Cierto es que desde este proceso estamos abordando una de las ataduras del arte: la autoría. [19] Lo que debe existir es una conjunción clara entre esta creación tecnológica y los modelos de aprehensión y de distribución de las creaciones. Siempre existirá un dios mercado pero alrededor de él podemos hoy crear una estructura de distribución que nos puede llevar a comprender que el problema del mercado no existe en realidad, que el problema somos nosotros, que el problema es cómo planteamos nuestra presencia en la sociedad y que el problema, en realidad es hasta dónde queremos hacerle el juego a un capitalismo que ha sabido reconvertir el arte y cristianizarlo como un activo más de sus intereses. [20] En medio de estas dos realidades, la realidad esencial objetiva y realidad interpretada subjetiva, existe una realidad sensitiva que posibilita el puente comunicativo. El mismo deseo de captar un determinado estado o momento de la realidad objetiva hace que ese proceso esté cargado de amplios grados de intencionalidad emocional. No todo el mundo ve lo mismo en una realidad compartida. En ese elegir está el principio de la creación. En una sencilla lectura se puede decir que la intencionalidad conceptual es la primera, cuando se capta la imagen y aparecen los criterios estéticos, culturales, sociales... y otra intencionalidad, la artística, cuando se manipula esta imagen para adaptarla a los criterios sensitivos, emocionales, afectivos... En este nuevo paso nuestra libertad de creación se bandea entre las circunstancias personales y los requisitos técnicos para ofrecer una obra congruente. En mi caso la obra va más allá del registro. Por ello, ignorando adrede la toma perfecta, lo verdaderamente importante, para mí y en este momento, es alcanzar un registro conceptual correcto ya que, en definitiva, la toma fotográfica primera no es sino un esbozo, la esencia, un apunte sobre el que trabajo. El hallazgo de una nueva realidad que fluctúa entre la razón y la emoción. [21] ¿No deberíamos hablar en muchos casos de semiótica digital en lugar de arte digital? Da la impresión en muchas ocasiones que el objetivo no es la emoción sino el significado. [22] ¿No deberíamos hablar en otros casos de artesanía digital? Da la impresión, en muchas ocasiones, que sobre la obra desarrollada no existe sino la descarga de una intencionalidad instrumental. Un juego de destreza tecnológica muchas veces sustentado por complejas fórmulas matemáticas que reportan elementos de aleatoriedad no intervenida y que suponen un entramado de pulsaciones mecánicas. Crear complejos programas no deja de ser un ejercicio tecnológico envidiable pero que nada tiene que ver con el arte. ¿Cuándo un plato es una pieza (artesanía) o una obra (arte)? Yo no estoy nada seguro de que todo lo desarrollado dentro de los entramados de creación digital necesite ser declarado como arte. Además me parece extraordinaria la artesanía y no es más digna porque alguien la quiera engolar. ¿Recuerdan el maravilloso papel que hicieron todos los artesanos en cuanto al desarrollo del modernismo? ¿no creo que ninguno de ellos necesitase ser llamado artista para desarrollar semejantes maravillas? Hoy observamos verdaderas peripecias tecnológicas. ¿No son maravillosas piezas de artesanía digital que se construyen de forma impecable a partir de herramientas (como el torno) para ofrecernos nuevas formas de comunicación a través de la búsqueda? No todo es arte. No todo para ser digno debe ser llamado arte. [23] El consumo de arte, evidentemente sin caer en las influencias del mercado, es consumo de referencias emotivas. Unas referencias que nos transmiten sensaciones de mayor o menor calado y que afectan a nuestro ser más intimo. [24] ¿Podemos hablar de arte digital desde los mismos principios epistemológicos, intelectuales, argumentales... que utilizábamos para hablar de arte analógico? ¿Podemos hablar, en el sentido que utiliza Farocki, del proceso de creación de la gráfica digital como un experimento científico? A mí particularmente me interesa mucho este concepto ya que interpone entre el creador y la obra unas dosis de aleatoriedad y azar comparables a la experimentación dirigida. La sorpresa contenida y devenida son dos secuencias que discurren en paralelo y que provocan la espectacularidad del encuentro creativo. Apuesto por el 80/20. 80% emoción, 20% razón. Por la estética del azar. Por un doble sendero técnico y poético. [25] Estamos acostumbrados a observar al arte ocuparse de si mismo en una especie de burbuja endogámica y endofágica en la que todo lo que viene de fuera es considerado como una amenaza, unas veces, o como una intromisión, otras. Esta burbuja deífica es la que alimenta el mercado para consolidar y mantener los privilegios del capital. No hay arte si el mercado no lo santifica. Y nosotros mismos somos los que le hacemos la cama. ¿Un tomate es un tomate por ser tomate o porque lo dice el corte ingles? [26] No sólo para la creación digital. Tesis acerca del mercado sobre la que todos estamos de acuerdo: sin intermediarios el producto llega más libre y asequible. ¿Por qué no aplicamos esto al arte? ¿Por qué babeamos por los intermediarios sean el capital o la administración?¿Por qué soñamos con los marchantes? Puede que sea necesario reinventar el sistema (desde el medio digital tenemos la oportunidad, eso sí, si queremos y somos capaces de utilizarlo). Puede que sea necesario apostar por un auténtico entramado asociativo, cooperativo. Llegar a un modelo verdaderamente alternativo de producción y difusión. En el momento que desaparece el aura divina del artista, aparece el trabajador. Pero eso carece de ese hechizo sagrado tan atractivo. (La visión de uno mismo, de su colectivo, condiciona enormemente la actitud de cara a la sociedad). Cuando dejemos ese aura divina, propiciada y firmemente instalada desde el Renacimiento, cuando dejemos de llorar y suplicar donativos y subvenciones entraremos en un momento de verdadero desarrollo contemporáneo del arte.
La valoración del píxel pasa por un proceso de aprendizaje, por un interés por ver las imágenes desde una sensibilidad distinta. Por eso me gusta descomponerlas y utilizar tecnologías mínimas. Alcanzamos de este modo una nueva forma de enfrentarnos a la emotividad de una imagen. Dejar que el píxel tome protagonismo puede ser como alcanzar una especie de impresión serigráfica digital en la que el grano es importante. Lo mismo que el grano es importante también en determinadas propuestas fotográficas

objetivo del Milenio 7: garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.

desde el año 2000 los principales lideres mundiales se comprometieron a alcanzar ocho objetivos de desarrollo del milenio para el año 2015. En johannesburgo, sudáfrica, la conferencia de naciones unidas sobre el desarrollo sostenible denuncia que cada día mueren 6.000 niños debido a las enfermedades producidas por la falta de agua potable y saneamiento. que en los últimos 10 años murieron más niños por esta causa que personas en todos los conflictos armados desde la segunda guerra mundial. 1.100 millones de personas no tienen acceso al agua potable y 2.400 millones carecen de un servicio mínimo de saneamiento. Así el “oro azul”, un derecho incuestionable para todos los habitantes del planeta, se convierte en una mercancía, en uno de los motores de la nueva economía. quienes han creado el desastre administran el beneficio.

naufragios. aportaciones creativas para la reflexión social. almodóvar del río 2007.

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Porque bi ha una soledat mesma y una soledat d’atro; una soledat combatiba; una soledat escada y atra zaboyadora. Bi ha una soledat imposata y atra que acorpora. Una soledat azetata y atra que apena. Una soledat chenerativa. Una soledat crisis. Y bi ha una soledat zelebrata. Como bi ha una soledat replecata, una soledat aprebata; una presenzia de soledat y una soledat recorrén; una soledat barrache y atra soledat finxida. Una soledat libre y una manca de soledat. Una soledat birchen bi ha y bi ha una soledat disponible. Una presenzia que anunzia soledat. Un acomodo de soledat y una soledat nabesada. Una soledat interior y una soledat en o espazio. Y bi ha una gran soledat y mugas de soledat. Bi ha soledaz increbantibles y soledat restinxita. Trobos d’a soledat y angluzias que engalzana soledat. Fuyitas d'a soledat. Peripezias en a soledat. Soledat d’intes creticos. Soledat ta perén. Soledat creyatiba. Soledat calculata. Bi ha soledat.

------------- æçèéêëìíîïðñòóôõö÷øùúûüýÿ ----------------------
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Por otra parte, la cultura, lo artístico es el único anclaje posible para la comprensión de nuestro tiempo y la esperanza por dotarlo de sentido. Pero la cultura ya no es producto del genio que descubre en el fuego sagrado los nuevos dominios colectivos ni tampoco puede ser el producto de una tecnología a la deriva. Hoy la materialidad de los lenguajes se universaliza en el ordenador pero la sacralidad de los sentidos sólo nace de la creación. [...]
Hoy, un nuevo Renacimiento sólo es posible en el encuentro del creador, el ingeniero, el pensador, el comunicador y la sociedad. Las redes de valor añadido y las “autopistas inteligentes” son un sistema de creación colectiva guiada desde equipos autónomos de interdiscisciplinares, polivalencia, valorización, inmaterialidad, gestión del conocimiento, conectividad, virtualidad, simulación, aproximación, nos dan idea del cómo producir la nueva cultura. Saber hacer específico, conocimiento holístico, implicación, participación, democracia cultural, animación, nos dan idea de qué, quién y para qué producir cultura.

Ramón Zallo

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d] espacio [s (03) .sala 1 / [ctlg]
lírica gráfica (03) ................
biología ofimática (03) ................
no fue un sueño (04) ..sala 2........
geometría divina (04) ...pdf..........
niebla japonesa (04) .sala 3 / [ctlg]
la envoltura de la tierra (05) ...sala 4 ......

conservas digitales en su tinta (05) ................
tránsitos (06) ................
amores como sudarios (06) ................
pinturas del mar (06) ................
te atraparé las sombras (07) ..sala 5........

naufragios (07) ..........[ctlg]
la senda de tus pasos (07) ..sala 6........
la piel del mar (08) ..sala 7........
el calor de avelina (08) ..sala 8........
olmo paisaje (08) ..sala 9........
olmo totem (08) ..sala 10.......
olmo luna (08) ..sala 11.......
contabilidad básica (08) ..sala 12.......
del jardín de pachi (08) ..sala 13.......
panorámica móvil (09) ..sala 14..[pdf]
las metáforas del tiempo (09)...sala 15..
[pdf]
tango (09) ..sala 16..[pdf]


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lo que busco/lo que veo

La gestión del arte en la frontera ciber
v.0.5 en beta permanente.

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Un territorio cibercreativo esta formado por multitud de prácticas hiperpolíticas que pueden complementarse y entremezclarse hasta construir nuevos escenarios de contacto. Se requieren herramientas polivalentes, pero más aún, se requieren actitudes abiertas y flexibles. Comisionar el arte desde la práxis digital es gestionar el disenso, la disparidad fractal, la dimensión híbrida de las realidades, la complejidad de los sistemas… Hoy estamos obligados a garantizar la naturaleza artística de lo técnico, a alcanzar para el arte un estado de rizoma ciberdélico.

Si durante el pasado siglo la plástica y la acción artística (performance) se proclamaron como los principales elementos de resolución ante la creatividad, nos encontramos en un momento en el que el universo ciber se configura como un territorio desde el que establecer nuevos escenarios de creación, de complicidad, de interacción. La naturaleza generativa de las tecnologías se hace cada vez más patente y la estrategia de evolución artística pasa por el cruce reproductivo entre los discursos analógicos y los electrónicos, un cruce con fundamento propio en el que toma cuerpo un proyecto artístico consecuente y comprometido con el aprovechamiento real de las potencialidades más significativas del arte contemporáneo. Una especie de experimentación colectiva de las utopías, o lo que es lo mismo: un espacio para una intervención artística menos rígida, menos necesitada de lo presencial, sustentada sobre la redistribución de la creatividad en forma de intuición, alejada del hiperactivismo escaparatista, desjerarquizada. Una forma de entender el arte que pasa por la creación colectiva de identidades y valores, un paradigma ético alrededor de amplias comunidades cohesionadas. Porque, en realidad, el arte siempre ha sido un proceso concurrente para la construcción dinámica de la estética.

En este contexto híbrido en el que nos encontramos –proximidad/conectividad–aparecen, hace ya tiempo, unos modelos en los que se entremezclan sensibilidades, se descubren comportamientos, se interactúa con otras realidades.  La apreciación del arte a través de la tecnología digital supone un verdadero aumento de la heterogeneidad creativa, una multiplicación de las visiones a partir de la disparidad social, un crecimiento exponencial de los modelos creativos. Las múltiples capas que se interrelacionan y se confunden dentro del paradigma digital hacen que su visión se funda en un concepto que va más allá de lo que la presencia física pueda alcanzar. Un Universo mórfico en la línea de Ovidio “es mi deseo expresar las transformaciones de los cuerpos en formas nuevas”. La ingeniería curatorial debe adecuarse y transformarse para superar unos cánones que se limitan a la administración cautelar de bienes artísticos y de lo que otros individuos (recalco otros) crean. La gestión polimórfica del arte nos lleva a la aplicación de ceros y unos en un entorno en el que los productos se convierten en una membrana permeable que amplifica las nuevas realidades y permite reemplazar las partes gastadas del arte analógico.

Pero la electrónica como asiento eyectable que lanza a un paraíso tecnófilo en el que todo esta estructurado para no sufrir no es cierta; cuando se desconecta, o simplemente cuando la atención se relaja, el conglomerado de la economía global esta estructurado para que casi todos perdamos: El liberalismo tecnológico es el que toma las riendas y la maquinaria del capital las absorbe y las reutiliza a su favor. La responsabilidad estructural del arte digital emerge como una necesidad para la superación (si somos posibilistas nos conformaremos con neutralización) de viejas limitaciones.

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Así pues, el entorno ciber  no es un universo mágico que asegura por si mismo el acceso metademocrático a la creación. Este tercer entorno (Echeverría) es un constructo sometido a leyes metasociales (Tourraine) que por si mismas ejercen acciones selectivas. Pretender la universalización del arte desde estas lógicas electrónicas es un arranque erróneo. Sin embargo sus importantes efectos multiplicadores (en los que colaboran los impulsos progresivos de las políticas de crecimiento colectivo) pueden alcanzar extensas audiencias de otro modo imposibles. Es la trama comunitarista la que activa un sistema colaborativo abierto y esta transmisión mediatizada es la que se enriquece gracias a la experiencia de otros muchos individuos que han pisado otros “mundos artísticos” y que pueden completar el mapa, un mapa en el que aparecen de verdad todos las escarpaduras de creación, gestión y consumo.

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Tenemos ante nosotros un espacio artístico de nuevo cuño en el que conceptos como presencia y duración deben ser revisados y adaptados: el espacio multimórfico de la red admite nuevos modelos y estos necesitan ser abordados desde mentalidades complementarias al ecosistema analógico habitual. Unas mentalidades que se orientan hacia la horizontalidad simbiótica y la contaminación multicreativa, que se conmocionan, que se impregnan de la sabiduría compartida. El creador como potenciador, el curador como facilitador, el público como inductor. O lo que es lo mismo: enriquecer el universo artístico desde la generación de complejos interpretativos.

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Por ello la resistencia artística debe tomar un camino nuevo para acceder a los campos interactivos de la conciencia creadora, a los amplios territorios de contagio, siendo bien conscientes de que la evolución termina cuando se cortocircuitan los bucles de retroalimentación de la sensibilidad. Debemos imaginar auténticos Hacklabs en los que se desarrollen estos emergentes procesos de interacción, participación, creación...  intercalando y haciendo posible la reciprocidad provocadora entre la presencialidad y la conectividad.

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Aún así las prácticas artísticas (tomadas como el conjunto creador/gestor/mercado) interactúan poco y en demasiadas ocasiones se reducen a una rutina estética y estática carente de implicación y compromiso. Una actitud displicente que esconde una sospechosa inclinación hacia el engrandecimiento del ego del gestor/curador y de determinados artistas. Tres resultados inmediatos: (1) La erupción reformadora de los verdaderos creadores se ve impedida tras unas estructuras monolíticas que limitan sus facultades de experimentación. (2) La implicación de los consumidores se ve sometida y la oferta crece dirigista, manipulada y controlada por las grandes industrias del arte con “mayúsculas” (3) Las secuelas son decepcionantes ya que, entre otras razones, el que gestiona ­sabe muy poco o nada de lo que sucede en las mentes creativas. Me atrevería a añadir otras dos: (4) porque las Instituciones están cada vez más sujetas a modelos de producción artística de corte “cool” y (5) porque los creadores están/estamos todavía demasiado amarrados a la política de subsidio.

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No obstante, como digo,  la retórica de las tecnologías no puede hacernos perder el norte, no puede hacernos caer en el mito tecnoutópico del progreso aséptico. Nunca han sido tan necesarias las labores del arte de proximidad y de dinamización artística comunitaria para colaborar en la reducción de la “otra brecha”, la que separa a los ciudadanos de los artistas.  El hecho de que las tecnologías por si mismas mejoran los procesos es del todo falso. La distribución indiscriminada de creaciones tecnológicas no conduce sino a un redirecionamiento de las élites. No hacemos nada si esa conexión no viene acompañada por una política de “sensibilización ciber” que enseñe a apreciar y comprender las nuevas tendencias, que haga comprender el nuevo lenguaje. Y más inútil si no se tiene en cuenta que la verdadera tecnología es nuestro cerebro: “cada uno tiene a su disposición el ordenador más increíble del planeta, pero desgraciadamente nadie nos ha dado el manual de instrucciones” (Anthony Robbins). El ajuste efectivo de la evolución digital evita esa paranoia colectiva, esa especie de éxtasis sin fin determinado.

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Desde este análisis se puede afirmar que el arte digital no es una mera exhibición. Debe ser un espacio representativo que supere el consumo tecnológico pasivo. No me sirven las cifras de miles, de millones de usuarios de la red si este uso se limita al consumo despersonalizado de unos contenidos idiotizadores. El reto de los gestores del arte es el mismo que el de los creadores: despertar una sensibilidad estética que desconecte para conectar. “[…] la economía de la información, en ausencia de objetos, se basará más en la relación que en la posesión.[…] el valor de esa relación residirá en la calidad de la ejecución, la originalidad del punto de vista, las destrezas, su relevancia para el propio mercado […]” (J. Perry Barlow).

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Prefiero una imagen cargada de emoción que de razón. Me parece estúpida la literatura post en la que se justifican con retórica engolada las obras. Quiero que mi obra conduzca al espectador a un estado de ánimo concreto que no tiene que ver siquiera con el mío ni con el del resto de los espectadores. Apuesto por el 80/20. 80% emoción, 20% razón

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Es por ello que la cartografía actual del arte requiere de una revisión minuciosa que actualice sus coordenadas. Ya que la tecnología cuestiona ideas antiguas y permite escaramuzas ideológicas con las que se supera ese dualismo cartesiano que disocia la realidad entre lo material y lo inmaterial, un pretendido divorcio ciertamente esquizofrénico que nos oculta la perspectiva de una realidad múltiple. Por ello, la contextualización del arte en estas realidades emergentes supone analizar las particularidades del espacio y el tiempo desde parámetros diferentes: no-linealidad, no-cronología, no-presencialidad. La gestión del arte está pues obligada a la construcción simbólica de un universo que bien pueden fundamentarse sobre estos conceptos “líquidos” (al modo de Zygmunt Bauman). Una forma de arte que, lejos de los argumentos más reacios a la tecnología, es absolutamente simbiótico e incide en aspectos que van desde lo más cotidiano hasta valores y experiencias sustentados sobre la recreación de universos oníricos. El reto consiste en utilizar esta “contaminación digital” para estimular la especulación critica de los ciudadanos y contrarrestar la presión neoliberal de modelos poco orientados hacia la permeabilidad. El arte digital supone así un modelo abierto para despertar mentes y atizar experiencias. Un modelo que permite ir más allá de la administración de escaparates y que posibilita la multiplicación de las acciones creadoras. La personalidad, individualidad y multiplicidad de las interpretaciones entran en un camino de duda (un perfecto antídoto contra la tiranía) y se generan discursos colaborativos en los que las creaciones pueden ser sometidas a la elaboración concurrente hasta alcanzar nuevas propuestas “preocupadas esencialmente por activar procesos más que por construir imágenes” (J. Lebrereo Stals). Se desfosilizan los modelos de creación y comisariado. El arte extendido frente al arte contenido.
El individualismo comprometido; unos buenos amigos de vez en cuando; el humanismo técnico; la conciencia de la soledad; el privilegio del respeto; el homo ludens; no entender la puñetera manía de totalizar y totalizarse; huir de la gran trampa de lo fortuito; temer al mezquino salvador, al que no duda, al cretino disfrazado de erudito; desconfiar del sospechoso amor al trabajo; la misantropía como defensa; el escape por respuesta; que les den puerta a los que se permiten pensar por mi; la alegría de lo simple; la felicidad de lo evidente; la entropía humanista; la belleza de lo estéril; el progreso rebelde; la tecno acracia; la multiparidad; la anulación de todo nacionalismo por fascista; la negación del exclusivismo; la ausencia de ambición como síntoma de inteligencia; la revolución simbiótica de los sexos; el ejercicio de la empatía; el derecho a la pasividad como génesis; la formación renacentista; la emotividad de lo cotidiano; a la razón por la contemplación.
Juan Carlos Román. La Cautela nos ayudará a solventar la ansiosa perseverancia de los mediocres. Ellos siempre intentarán expresar su dolor a través de la ira y el resentimiento

La noche y el agua son dos atmósferas atávicas que arrancan de nosotros las más hondas emociones, que nos transportan a lo mas profundo de nuestros espacios primigenios. Noviembre en Miravete de la Sierra es así. Su noche, amparada por un frío que se antoja eterno, tapiza nuestra delicada cobertura humana y nos recuerda que no somos nada sin ella. Que todo lo que alrededor nos ofrece está a salvo de nuestra arrogante civilización. Que somos suyos.

La gota inaugural, como agua que llega,  pende de los cables por donde transita una luz inútil, una luz vana que luchará por hacerse fuerte ante la magnifica oscuridad de una vigilia otoñal.

El incesante regalo, el agua que fluye, ofrecido por el generoso caño de una fuente madre, como de un vientre que esparce sus filamentos de oro apadrinados y aventados por un torbellino aliado.

Y la paz del agua que queda, del agua cautiva que señala en suaves ondas su juego con la luz, que nos acurruca en un espacio de metáforas y nos devuelve a los juegos infantiles en un presente que es, desde que nace, futuro.

Estética de la dispersión. Cada imagen es producida por la necesidad de captar una sensación efímera, una experiencia breve, frágil y fugitiva que se disuelve en la accidentada desbandada de la atención hacia otros infinitos puntos. La estética tampoco puede ser inequívoca e inmóvil. Y tampoco quiero concentrarme en determinar una estética que pueda identificarme. El infierno estético como método de control. La estética como anestesia.

Según ciertas eruditas reflexiones, las fases (u objetos) de relación entre el artista y el público bien podrían ser las subsiguientes:
1. La obra de arte propiamente dicha.
2. La anterior más la propia persona o personalidad del artista.
3. Las dos precedentes más el proceso de creación de la primera.
4. El contexto general que engloba y amplia los tres anteriores puntos.
Obviamente estos estadios no tienen un principio y un final definidos, desaparecen y resurgen de forma cíclica, se superponen y se contradicen, malviven o conviven, pero, como se dice ahora, marcan una tendencia general desde los inicios del llamado arte moderno al, cuando menos, polisémico momento actual.
Algunos artistas están milagrosamente aferrados a la primera de las variantes y solamente les conocemos, como a algunos escritores o cineastas de culto, por su propia obra. Profesan un comprometido anonimato para que nadie ni nada (ni ellos ni sus circunstancias) desvíen la mirada del público respecto a su trabajo. Otros creadores van por el camino opuesto y, voluntariamente o no, interpretan un personaje que será inseparable del resto de su producción. Paradigmáticos ejemplos serían Dalí, Warhol o Hirst, con diferentes grados de acierto e interés.
La importancia que se dio al proceso de elaboración de las obras de arte, desde el Gestualismo a la Action Painting, abrió la ruta para futuras denominaciones cada vez más alejadas del tradicional concepto de obra, en el sentido físico del término: performances, happenings, etc. Y sobre el cuarto apartado puede soló recordar cualquiera de les grandes exposiciones recientes, inconcebibles sin su making off y un farragoso dossier de fotocopias que ayuden al espectador a ponerse en situación para digerir todo lo que verá.
Pero los tiempos corren deprisa y ya tenemos una novísima quinta fase: La proyección de la obra de arte. Es decir, la verdadera importancia de la obra es directamente proporcional a su difusión. Ya no importa la obra física (cada vez más videograficamente efímera), ni el tío que la ha hecho, ni cómo, ni dónde, ni cuando, ni por qué. Ahora hace falta proyección y no precisamente en los periódicos (porque nadie lee) si no estar colgado en el Youtube (tantas entradas tienes tanto vales) o salir en los minutos de la basura de los telediarios, al lado del pintor que pinta con las orejas o del perro video-artista. Demasiado frecuentemente la parte más noticiable del arte contemporáneo es digna de aparecer en las inefables páginas del “Mundo Singular” de la revista “Hola”.
Hay quien sostiene que el origen de todo esto nace del cinema, concretamente de Vicente Minnelli (o, quizás mejor, de Kirk Douglas) y su versión de Vincent Van Gogh, el primer artista mediático post mortem.
“PROJECTA OMBRA”
LA XINA A.R.T. 5ª edición
de EL BASAR DEL XINO

            Detrás es donde mejor me encuentro. Siempre procuro coger esa plaza. Es desde donde se puede contemplar, sin demasiado riesgo, toda la mutación del trayecto. Además no llegan las personas con verdadera necesidad de sentarse y las que lo desean sin necesitarlo ya tienen asumido que en ese espacio  no van a contar con un hueco donde acomodarse. Lo mejor es detrás, cerca de la ventanilla si vas a hacer un recorrido lo bastante largo. Si no es así, más me gusta localizar un buen punto que me facilite la salida sin atropellos.

La posición en el autobús es la posición en la vida.

subirme a un escenario, andar en moto, emborracharme sin miedo. eso es lo que en realidad echo de menos. a mi chica la tengo.

Al principio no se tiene nada y nada se conoce. Ni arriba ni abajo existen y el comienzo y el final no se suponen ni siquiera como un concepto de finitudes. Por eso no conoces. Porque los principios son inmediatos, sin razón; porque los finales son continuos, sin fricción.

Así es como comienza a fraguarse un espacio: vacío.
Así es como comienza a definirse un espacio vacío: intuyendo.
Así es como comienza a llenarse el intuido espacio vacío: temiendo

Por eso no hay nada en la vida de nadie que permita conservar intacta una soledad extrema:
Porque no existen espacios vírgenes.

Así es como comienza la soledad, con ausencias. O solo con nombrarla, con inventarla; cubriéndola de señas identificables, medianamente abstractas, cualificadas según el interés de cada uno por dotarla de sentido propio.

Y luego cada uno llenamos este singular espacio. Completamos con requiebros de razón la inutilidad de un vacío y nos empeñamos en aclarar cosos que siempre estuvieron claras.

Los niños tienen el abandono; los adolescentes, los jóvenes abandonan y se abandonan; los adultos contienen el abandono (abrazan la soledad y abrazan la compañía) ¿cuándo se entra en esta rueda? ¿quién pone ordenada y conscientemente un límite? Cuando creo que todo esta en su sitio emergen voces que desdibujan la línea que me he trazado. Es entonces cuando aspiro a no tener que enfrentarme nunca a una intensa soledad. A una abarrancada limitación de soledades, cuando aspiro a aprender a vivir traspasando oportunamente de una soledad a otra sin dejarme ahogar por sus infinitos.

no es la imagen sino la idea de ella a través del azar y de la imaginación /
............/
............./
............../

}}}}}}}}}}}}}}nunca representar sino expresar

Con ello deben ejecutarse políticas para el arte digital que trabajen desde estos cuatro pilares:

Experimentación – producción – gestión – divulgación: un bucle inductor de los nuevos fenómenos artísticos que, necesariamente relacionados con las realidades analógicas existentes, deben conformar la estructura analítica e ideológica para una política artística digital. Nuevos territorios para el arte entendidos como un paradigma de creación colectiva y de conocimiento, un paradigma ético que supera el modelo de interacción presencial para lanzarla a una relación abierta y multiforme marcada por la no linealidad y la autoorganización, por la incertidumbre. Sin una actitud tecnocreativa no hacemos sino multiplicar el modelo de escaparatismo pasivo y el consumo acrítico. Los nuevos espacios deben ser  focos de interacción y los gestores tenemos la obligación de complementar los conceptos de gestión analógica. Es más: estamos atravesando por momentos en los que parece necesario abandonar viejas teorías para poder crecer, para poder avanzar. Deberíamos alcanzar una decidida desestructuración de contenidos para llegar a una auténtica evolución del las políticas artísticas. Existe un verdadero desajuste entre el discurso retórico de nuestros encuentros y la realidad (y sobre todo los resultados) que genera un espacio zombi en el que no hacemos otra cosa que anhelar sin construir, permanecer en un estado hipnótico que extiende una fatiga crónica por lo no conseguido. Debemos colocarnos en espacios de transición permanente ya que el arte sólo es tal si está conformado por movimiento continuo. Un movimiento performador en el que cada uno de nosotros se convierte en elemento de agitación. En definitiva, debemos modificar el discurso y las actitudes, debemos migrar hasta conseguir otras referencias que refuercen y enriquezcan nuestras viejas teorías desde una especie de adulteración escópica. La concatenación de espacios analógicos ya no sirve. La política artística debe conquistar territorios cyborg que la enriquezca y la articule en redes de pensamiento y practicas conectadas.

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A partir de esta perspectiva, la interpretación ciber del arte esta más preocupada por producir (arte expansivo) que por recuperar y mostrar (arte retentivo). No es un arte demostrativo sino denotativo que va generando un movimiento dinámico a la manera de perpetuum mobile desde el que es imposible dejar de propagar nuevas complejidades. Esta gestión expansiva, ciber, del arte es la que sale de los estudios y despachos como santuarios de peregrinaje y devoción  lanzándose hacia las redes como modelos de no-lugar, de no-tiempo, de no-comunidad. Un modelo que se despersonaliza y prescinde de gurús, que se multiplica en una reacción continua de conocimiento. Que se distribuye desde prototipos víricos y se clona en un continuo crecimiento exponencial. ¿Podemos hablar pues de metacreatividad digital? La concepción digital del arte no pretende ningún conflicto con los modelos analógicos sino que procura abrir una vía en la que los creadores, los activistas, las comunidades, los ciudadanos hagan arte sin la necesidad de los clásicos mediadores, en un ámbito más horizontal, más comunicativo. La metacreatividad digital viene en este sentido a ampliar a la anterior. Y no estamos hablando de futuro, esto es un subterfugio que oculta cuanto menos pereza pare enfrentarse a nuevos retos.

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Desde esta perspectiva nunca ha sido tan necesaria la simbiosis entre presencialidad y conectividad, entre el espacio real y el virtual, una simbiosis que se presenta como la única manera para generar un verdadero arte contemporáneo, una verdadera metacreatividad. La redefinición del arte en términos digitales nos obliga a plantear un imaginario de resistencia crítica y participativa: una redefinición hiperparticipativa del arte actual. En palabras de Arzoz y Alonso “lo primero y más urgente es la creación de redes creativas, comunales o comunitarias, reflexivas y criticas, que ofrezcan ideas e iniciativas a los ciudadanos, artistas e internautas para que sean discutidas, desarrolladas y/o aplicadas” Desde las propuestas digitales desarrolladas en esa conjunción entre el medio binario y el analógico, se provoca un cambio epistemológico en el concepto de arte como valor en manos de una minoría privilegiada y elitista. Un cambio que se desinteresa de actitudes, de principios y de ortodoxia; que le conduce a su más íntima  idiosincrasia, que le hace interactuar con la sociedad de un modo más abierto y creativo. La hibridación digital/analógico es una de estas referencias en las que la unilateralidad de los principios sufren un duro revés. Una hibridación que propone una actitud simultánea en la construcción de un mundo simbólico perfectamente conjuntista en el que coexiste técnica y emotividad (tecnosensibilidad).

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¿Es nuestra gestión del arte así? Creo que desde el ámbito público tenemos la obligación de reinventar los modelos, adentrarnos en la vanguardia del arte y ofrecer aportaciones como semillero rizomático. Modificar nuestras actitudes, reenfocar las metodologías. Tengamos en cuenta algo que ya adelantó Marcuse y la escuela de Frankfurt y que ahora es una realidad más que palpable: la tecnología está sólidamente anclada en la lógica del dominio y sin embargo se nos ofrece como paradigma y estrategia de libertad.

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De forma telegráfica, algunos conceptos como resumen para encuadrar la gestión del arte en un entorno ciber:

 

 

 

 

 

 

 

 

La incertidumbre como conclusión de interactividad
El arte transferido como reactor de sensibilidades
La inteligencia colectiva contra el sometimiento
La sinergia como microestructura de creación
El asociacionismo difuso como catalizador
La experiencia contra la representación
La memética como arma de contagio
Las redes como canal metacreativo
La autoorganización como sistema
El comunalismo como plataforma
La ética hacker como filosofía

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Es obvio, para finalizar, que el llamado arte digital no tiene tanto que ver con la tecnología como con la necesidad de cambiar y adaptar nuestra actitud, nuestra forma de enfrentarnos a las realidades emergentes. Puede que el arte digital lo que reclame de verdad es que abandonemos viejas conductas y cambiemos de óptica, que las abordemos desde perspectivas “imposibles”, desde ángulos diversos, que nos observemos desde fuera. Y me da la impresión de que el verdadero inconveniente que tenemos ahora es que no sabemos salir de un modelo archiconocido de pensamiento lineal, de un modelo bidimensional (Lisa Randall ha puesto un buen ejemplo: si un hipotético individuo bidimensional imaginase una esfera, lo haría figurándose una superposición de discos planos de tamaño ascendente hasta el centro y descendente después). Puede por ello que tengamos que acudir fuera de nosotros, a otras realidades para hacer abstracción y recuperar el análisis. Por eso hablar de arte digital no es otra cosa que ponerle nombre a un modelo que enfoca los procedimientos de perspectivas distintas, ni mejores ni peores, que aglutina las teorías clásicas con otras más arriesgadas. Una especie de Teoría de las Cuerdas.

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Siguiendo la sentencia de Wittgenstein en la que nos advirtió que los límites del mundo son los límites del lenguaje, debemos admitir que las tecnologías ofrecen un concepto de arte dilatable hasta máximos poco imaginados. Podemos olvidarnos y liberarnos de las coordenadas cartesianas e instalarnos en una creatividad expansiva que trasciende el horizonte, que aumenta las instancias de la realidad proximal. Los límites, ahora, son los límites de nuestras interfaces… Pero todas estas interfaces están conectadas a nuestro cerebro.

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"la obra de arte no surge de la tecnología sino que es el dominio de las habilidades intelectuales y físicas aplicadas al arte lo que crea [...]la actividad intelectual ligada al arte en el terreno discursivo, por otro lado, es un aspecto que no se agota con el dominio de la habilidad del procedimiento destinado a la consecución del objeto artístico, sino en la invencion de nuevos modos, de nuevas polisemias."

 

kako kastro

 

extracto del catálogo "a modo de aclaración" 2005